Las tardes grises me rodean,
las hojas caen de mis ojos,
ruego a Dios la primavera,
y a tu corazón perdón le imploro.
El viento vuela
junto con el polvo,
la lluvia es arena,
un desierto es lo que queda
en donde aún habito solo.
No hay flores con tu perfume,
no aclarece la luz de tus luceros,
no descansa mi cuerpo y mente
pero no amanece despierto mi pecho.
No hay árboles que respiren tu aire
no existe el calor de tus abrazos,
solamente el frío de tu adios me invade
mientras vivo y muero sin embargo...
Aquí no hay nada,
nada de nada,
sólo yo y mis sueños,
no se cuanto falta para volver a vivir,
perdí la noción del tiempo,
del sentirte cerca
de acariciar tu fuego.
En este invierno intenso te espero
mientras mi alma lentamente muere,
mientras este dolor es el veneno
siento que te perdí y eso duele...
jueves, 11 de junio de 2009
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